59.- La seguridad, la autoestima y la dependencia emocional
Cuando era niño mi mamá me llevó por primera vez a la escuela preescolar y fui testigo de cómo muchos niños lloraban en la puerta del colegio viendo como sus madres se iban. Ellos no querían quedarse solos, no querían que sus madres los dejaran. Lloraban amargamente y no querían quedarse. Las madres trataban de convencerlos para que se queden, pues ellas volverían. Algunas hasta les daban dulces para evitar que lloren.
¿Sabes por qué ellos lloraban? Porque sentían miedo, inseguridad, incertidumbre; se sentían indefensos sin sus madres, ellos no podían valerse por sí mismo y necesitaban que ellas estuvieran con ellos, es decir, dependían de ellas. ¿Por qué? Porque a esa edad no estaban seguros de sí mismos.
Casi 10 años después, cuando esos mismos niños pasaron a lo que aquí en México se llama educación Preparatoria, cuando ellos ya tenían entre 15 y 18 años, sucedió lo contrario. Ellos ya no querían que sus madres los dejaran en la puerta del colegio para luego darles un dulce y despedirse con un beso en la mejilla, esos mismos niños llorones ahora se comportaban de manera inversa. Lo que menos deseaban era que sus madres entraran con ellos hasta la puerta del salón de clases, lo que menos deseaban era que sus mamás los tomaran de la mano para llevarlos a su silla, porque ahora ellos tenían cierta vergüenza. Esos mismos niños llorones no querían que sus compañeros vieran que son unos dependientes de sus madres, que son unos indefensos, que aún no tienen identidad definida.
¿Sabes por qué? No porque ya no querían a sus madres, pues las querían más que cuando tenían 5 años. Era porque luego esos niños se sentían seguros de sí mismos, ahora querían vivir su propia vida y no la que sus madres les quisieran imponer, porque ahora se sentían independientes, sentían que se podían valer por sí mismos y no necesitaban que sus madres estuvieran con ellos en el colegio. Porque querían ser fuertes y les daría vergüenza que sus compañeros vean que son unos indefensos y dependientes de sus madres. Y lo mejor de todo esto es que sus madres no se entristecían porque ahora ellos se sentían más independientes de ellas, no se molestaban si ahora a ellos no les gustaba que ellas los acompañen, al contrario, a ellas les daba gusto que sus hijos ahora sean más seguros de sí mismos y no unos llorones.
¿Qué hizo la diferencia de sus acciones? Los sentimientos y pensamientos que tenían de sí mismos. Primero lloraban porque sentían miedo al estar sin sus madres, luego eran felices sin sus madres porque ya no tenían miedo vivir sus propias vidas. Primero lloraban porque dependían de sus madres, luego se creían independientes. Primero lloraban porque creían que sin sus madres no podrían sobrevivir en la escuela, luego eran felices al estar en la escuela sin que sus madres los vigile. Primero lloraban porque eran inseguros, luego se creían seguros. Primero tenían un poco e indefinido valor de sí mismos, luego tenían un valor más alto y mejor definido sobre sí mismos. Primero lloraban porque ni siquiera sabían quiénes eran, luego ellos ya sabían quiénes eran y ya hasta estaban definiendo lo que querían hacer con sus vidas.
De la misma manera hay personas que dependen innecesariamente de los demás. Cuando alguien habla mal de ellos casi lloran, cuando algo les sale mal se desaniman, cuando no logran las cosas que quieren y no salen tal como quieren que salgan se frustran mucho. De la misma manera hay personas que cuando alguien no les corresponde en el amor se sienten menos, como si esa persona fuera la única en el mundo. Así igual hay mujeres y hombres que aunque sus parejas los desvaloren y los traten mal no pueden dejarlos. Así también hay quienes dicen amar a quienes los maltratan. ¿Sabes por qué? Porque no tiene mucha seguridad en sí mismos, porque su autoestima no es alta, porque dependen de lo que los demás opinan de ellos. Porque son dependientes, como aquellos niños de sus madres.
Pero también hay personas que cuando alguien habla mal de ellos hasta se ríen, cuando algo les sale mal no se desaniman, cuando no logran las cosas que quieren y no salen como quieren que salgan no se frustran, porque confía en sí mismos, y si las cosas no salieron por causas externas entonces no son culpables. De la misma manera hay personas que cuando alguien no les corresponde en el amor no se sienten menos, porque saben que esa persona no es la única en el mundo y están seguros de que ellos son independientes del amor del sexo opuesto. Así igual hay mujeres y hombres que cuando sus parejas los tratan mal son capaces de dejarlos, romper la relación dañina e independizarse. ¿Sabes por qué? Porque son seguros de sí mismos, están seguros que merecen lo mejor, creen que valen mucho, no tiene miedo, confían en sí mismos, etc.
¿Qué hace la diferencia de sus acciones? Los sentimientos y pensamientos que tienen de sí mismos, lo que creen de ellos mismos. Unos creen que no valen mucho, los otros creen que son valiosos, unos creen que lo que la gente opina de ellos es importante, los otros creen que no importa lo que los demás opinen de ellos, unos creen que no pueden vivir sin el “amor de su vida (y también la perdición de su vida)” aunque los maltrate y humille, otros creen que no necesitan de “el amor de sus vidas” cuando éste los maltrata, unos creen que por amor tiene que soportar humillaciones, otros creen que por amor a sí mismos tiene que liberarse de esas humillaciones, unos creen que no pueden lograr las cosas, otros creen que sí, unos creen que no merecen mucho, otros creen que merecen lo mejor.
¿A cuál grupo perteneces tú? ¿Eres dependiente innecesariamente o eres independiente? ¿Eres como aquellos niños que no se valen por sí mismos o crees que puedes lograr las cosas? ¿Crees que necesitas del amor de alguien para ser feliz o crees poder ser feliz por ti mismo? ¿Condicionas tu felicidad a otros o eres feliz siendo tú tal cual eres y con lo que tienes?
¿Crees que aún eres un niño emocional o que ya eres grande?
Piénsalo bien, y si estás en el primer grupo cambia
Muchas personas viven con un sentimiento de inferioridad que a veces está escondido pero latente, o también se podría decir que viven con un amor a sí mismos incompleto. A veces no se dan cuenta, a veces sí, pero muchas veces en las actitudes o en sus acciones demuestran bajo valor o sensación de inferioridad respecto a los demás pero de manera “subliminal”, un sentimiento muy sutil y profundo que está latente. Estas personas, donde tal vez te encuentres tú, tienen la creencia arraigada de que ellos no se merecen tanto, de que no son tan buenos, de que las cosas no les deben salir tan bien como a otros, de que las circunstancias no les benefician como a los demás. Cuando algo bueno les sucede creen que es algo inmerecido o que es cuestión de suerte. Les cuesta creer que sus logros son por ellos mismos, tienden a atribuirlos a otras personas, a las circunstancias o a la suerte, o simplemente minimizan sus logros como si no lo merecieran. Esto revela inseguridad, poco valor y hasta poca autoestima. Veamos un ejemplo: 



















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